La cerrazón incomprensible de nuestro amado líder supremo, el Dr. Sánchez, a declarar el nivel de emergencia 3, tanto en la barrancada del 2024, como en los incendios provocados el verano de 2025 en áreas estratégicas de nuestro territorio, no tuvo otro objetivo que el evitar dejar en evidencia la incapacidad real de un estado fallido (España socialista) incapaz de gestionar tragedias que nos asolan recurrentemente.
La estrategia es clara. Mientras todo se quede en un nivel 2, el marrón se lo comen los políticos que lideran la comunidad autónoma agraciada en el sorteo. Casualmente de signo contrario al del Dr. Sánchez. La magnitud de la catástrofe es, a todas luces, superior a la capacidad de reacción de la comunidad autónoma. Y eso forzaría a pasar a un nivel 3 que obligaría a trabajar al Dr. Sánchez en asuntos que lo distraerían de otros más importantes, para él, como son todos los enanos que le están creciendo en el circo de gobierno que tiene montado.
Por otro lado, si se pasa a nivel 3, el éxito de la gestión se la asigna el político de rango superior (Dr. Sánchez) que toma el mando, por lo que el de rango inferior, Mazón, queda ninguneado y en evidencia.
Y esto ya viene de largo. Véase el Volcán de la Palma en 2021, la barrancada del 2024 o los incendios provocados en el verano de 2025. Claros ejemplos de ineptitud en la gestión de los bosques con leyes estúpidas, creadas por chupatintas que nunca han salido de su despacho para enseñarles a la gente del campo cómo tienen que gestionar lo que siempre han hecho y que nunca nadie les ha preguntado. De esos polvos, estos lodos y estos incendios.
A punto de llegar al siguiente 29-O, aún quedan muchas incógnitas que resolver, caso de que se haya pensado en resolverlas:
- Ponerse ahora a construir unas infraestructuras que se plantearon hace veinte años, pensando en escenarios ahora sobrepasados por los hechos, es el reconocimiento implícito de unos deberes que nunca hicieron, de realizar unas obras tarde y mal por remordimientos, de no disponer de mejores ideas y de conformarse en reducir algo los rigores la siguiente barrancada, pero no de eliminar sus consecuencias de una vez por todas. No existe un plan nuevo que supere al anterior, antes de que este se ejecute y nos evite otra vez los garajes anegados, las calles taponadas, viviendas destruidas...
- No existe un plan integral ambicioso, cueste lo que cueste, que siempre será mucho menos de lo que nos ha costado. aunque sea a muchos años, con un calendario concreto, que no consista simplemente en reconstruir lo existente previamente, al menor coste y reutilizando lo que ya se ha visto que no solucionó la avenida de agua. Seguimos sin estar blindados frente a futuras catástrofes.
- Está bien ejecutar obras en barrancos y ríos como el del Poyo o la Saleta, pero no se puede permitir volver a dejar como estaban los mismos puntos negros preparados para volver a colaborar igualmente en la siguiente tragedia.
- Estos cauces deben ser ampliados y reforzados para evitar que vuelvan a desbordarse con las consecuencias que todos hemos sufrido. Y todavía estamos a medias intentando recuperar a su estado anterior los barrancos.
- Todavía hay muchos de ascensores estropeados que no han sido reparados, algunos tienen apaños de urgencia, otros ni siquiera han comenzado, los reparados, generan ahora más incidencias que antes por las agresiones sufridas en las inundaciones...
- Muchos negocios aún no han podido reabrir y algunos ya no lo harán nunca. Muchas familias lo han perdido todo. Meses después, todavía hay muchos vecinos y dueños de negocios no han cobrado las ayudas del consorcio. De las del Dr. Sánchez... ya si eso les preguntaremos a los del Volcán de la Palma cómo les va.
- Los farragosos trámites burocráticos para realizar el saneamiento de las infraestructuras no dejan ejecutar las ayudas concedidas y estas no son suficientes. Así, tenemos calles que antes no se inundaban y que ahora se llenan en cuanto caen cuatro gotas, redes de alcantarillado sin mantenimiento, con su capacidad reducida, carreteras y calles por rehacer, llenas de baches, capas de asfalto levantadas, superficies de rodadura abombadas...
- Hay que salvar el arrozal de l’Albufera de València. Hará falta acciones a largo plazo que intenten recuperar el humedal más emblemático de la Comunitat Valenciana tras una barrancada que llevó hasta allí productos tóxicos y residuos de todo tipo.
- Hay que priorizar y mejorar infraestructuras emblemáticas como el puerto de Catarroja para dotarlo de nuevos incentivos que pongan en valor su imagen como destino. Pero no sólo rehacerlos creativamente ahora que están destruidos, también hay que ponerlos en valor mediante campañas promocionales que atraigan a visitantes, generen consumo local y ayuden a revitalizar a los municipios afectados.
- Mejora de los sistemas de alerta y respuesta rápida todavía no existen, casi un año después de la barrancada. Los vecinos tendremos que volver a enterarnos de lo que está pasando por redes sociales o por el boca a boca. Si lo protocolos de seguridad se han cambiado, a la ciudadanía, no nos lo han comunicado. Seguimos igual que antes de la barrancada.
Se han hecho muchas cosas y se ha vuelto a la normalidad en algunos negocios, en los pisos que no fueron afectados, en algunas casas en las que ya se dispone de lo mínimo para vivir. Pero no basta. En Catarroja, todo es muy difícil y todo cuesta mucho.


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