Recientemente nuestra muy honorable alcaldesa de Catar-Roja, nos obsequió con un vídeo navideño en el cual hace mención a muchos lugares comunes y que lo convertía en perfectamente prescindible. Quiero decir que si ese tiempo lo hubiera dedicado a gestionar todos los contratos atrasados que todavía no se han puesto en marcha en lugar de memorizar un discurso prescindible y los recursos audiovisuales empleados se los hubiera ahorrado, ahora tendríamos más dinero en las arcas públicas y obras ya comenzadas.
Pero es lo que tiene creerse la reina de las fiestas, que al final, se acaban copiando los tics de aquellos a los que se detesta porque en el fondo, quisiera ser como ello. Me refiero al discurso navideño del todavía rey de las Españas.
Se hace notar la ausencia de iconografía navideña, más allá de una planta roja del todo a cien y una postal navideña con un árbol y dos campanitas disimulados en la esquina inferior izquierda.
La puesta en escena, en general, no apunta ni a la Navidad, ni al fin de año. Recomiendo reutilizar el decorado igualmente para las fallas o las filás moras, cuando toque.
El lenguaje inclusivo, con plurales impostados, todo escrito en una perfecta neolengua barceloní que haría las delicias de Puigdemont. No existe discurso en la lengua más universal de todas: el español. Un tono heteromatriarcal que juzga y reconoce que el pueblo catarojense se ha portado como ella esperaba de nosotros. Loas y alabanzas que aprovecha para echarse a su gestión como prueba de que ya no dispone de abuela.
Un elocuente discurso lleno de hojarasca prescindible que debería quedar en los anales de la formación política como ejemplo de malabarismo dialéctico con el que obviar a la Navidad y centrarse en las festividades de la neoligión laicista que profesa: el fin de año civil. Felices fiestas que no Feliz Navidad. Veremos si para el Ramadán también exhibe el mismo virtuosismo comunicativo.
El metalenguaje con el que expresa ese contenido normalizado parece decir todo lo contrario de lo que pretende comunicar verbalmente. Mandíbula inferior alta en señal de reto y superioridad reconocida. Mandíbula muy marcada y tensa que se muestra en lo apretado de los dientes, que casi no separa en todo el discurso dando la sensación de una rabia contenida difícilmente disimulable. Ojos tristones, semblante serio y de aspecto malhumorado. Manos nerviosas, en ocasiones crispadas. El pelo a lo Morticia Addams, tampoco hace justicia.

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