En una granja llena de gallinas, un zorro emplumado se ofreció a cuidar a los pollitos de la granja. La gallina mayor de la granja, viendo sus plumas, le asignó el trabajo.
Cuenta la fábula que, un día, el zorro emplumado, junto con otro amigo con el que convivía, se fueron a una fiesta, fuera del gallinero en el que trabajaba. Y allí, el zorro mostró su verdadero rostro comiéndose un pollito.
El hecho, pasadas unas semanas, llegó a oídos de la gallina madre del pollito y esta mandó a unos gallos a que averiguaran si sus sospechas eran ciertas.
Algo cierto debió de haber en lo oído porque, afirmando el zorro emplumado que era mentira, fue apercibido por la gallina mayor de la granja para que presentara su renuncia al cargo electo que desempeñaba.
Acto seguido, la gallina mayor de la granja corrió presurosa a aplicar la famosa frase "La culpa no era mía, ni dónde estaba, ni cómo vestía". Inmediatamente convocó a todas las gallinas de la granja y les dijo que la renuncia respondía a la voluntad del zorrito, que ahora ya se sabía que no era gallina. Que su renuncia le parecía conveniente y que gracias a esa renuncia no se interferiría en el normal funcionamiento de la actividad del gallinero.
Haciendo uso del adagio "Excusatio non petita, acusatio manifesta", la gallina mayor se anticipó afirmando que los hechos ocurrieron sólo en el ámbito privado y ajeno a sus funciones públicas; indicando seguidamente que determinar si se comió al pollito o no, correspondía exclusivamente a los gallos.
Por si todo esto fuera poco, el zorro emplumado optó por apartarse de sus responsabilidades institucionales de manera preventiva como muestra de coherencia y respeto hacia el gallinero.
Para rematarlo, la gallina mayor ensalzó adicionalmente el hecho de que el zorro saliera por patas del gallinero era, en realidad, no un acto de cobardía, sino un acto supremo de responsabilidad, en línea con los valores de servicio público, transparencia y responsabilidad que han guiado su trayectoria zorril y que deberían ser los cimientos de cualquier institución.
Y ya en el colmo del paroxismo, la gallina mayor se deshizo en elogios agradeciendo la dedicación y el esfuerzo que el zorro emplumado había prestado durante el tiempo que había formado parte del gallinero, especialmente después de la dramática situación vivida en el gallinero tras unas inundaciones.
Perplejo estaba el gallinero ante semejante puesta de perfil de la gallina mayor, especialista en tirar balones fuera y esconderse en su palo a la espera de que pasen las tormentas rápidamente para luego salir como si no hubiera pasado nada.
Y para tapar el pufo ocurrido, la gallina mayor metió a su gallo a cuidar de los pollitos.
Moraleja
Y a todo esto, el resto del gallinero se preguntaba:
- ¿Cómo es posible que un zorro emplumado se hubiera hecho pasar por gallina?
- ¿Quien es la gallina responsable de haberle puesto a cuidar de los pollitos de la granja?
- ¿No debería dimitir la gallina mayor, responsable de haberle elegido y puesto a cuidar a los pollitos, por no haberse dado cuenta de que en realidad no era una gallina sino un zorro emplumado?
- ¿No debería dimitir por haber puesto en semejante peligro a los pollitos del gallinero?
- ¿Deberían todas las gallinas hablar con sus pollitos para ver si además del pollito que se comió fuera del gallinero, también se comió otros pollitos dentro y nadie lo había percibido?

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